Silvio Rodríguez compuso “Sueño con serpientes” como parte de un repertorio de canciones que, desde el contexto de la Nueva Trova Cubana, reflexionan sobre la lucha humana, los imposibles que acechan la esperanza, y la persistencia del pensamiento crítico. Bertolt Brecht, citado al inicio, sintetiza la idea de las luchas a lo largo de la vida y la condición de “imprescindibles” de quienes persisten. En esta canción, las serpientes se yerguen como una metáfora de los obstáculos recurrentes—casi infinitos—que absorben, retuercen e incluso amenazan con devorar las causas justas o la voluntad de amar y transformar.
Reflections
Imagine un sueño infinito, un laberinto de serpientes marinas que se enroscan por un mar que es, a la vez, memoria y tiempo. Cada serpiente, translúcida, lleva en su vientre la suma de todo lo que ha devorado al amor—o sea, las esperanzas que se extraviaron, las causas que no se defendieron, los pensamientos que se rindieron. En el sueño, el trovador y el soñador se confunden: son el mismo sujeto, intentando exterminar cada reptil para extraerle su veneno y a la vez su secreto.
Pero hay una constante: cuando una serpiente muere, reaparece otra más grande, de “mucho más infierno”. En la infinita Biblioteca borgeana, cada símbolo tendría múltiples versiones; aquí, cada serpiente es un nuevo problema, una repetición a la vez distinta, con un grado mayor de dificultad, que hace del empeño una empresa interminable.
Sin embargo, la persistencia del protagonista—“que lucha toda la vida”, recordando a Brecht—no se ve quebrada. Cuando la serpiente trata de devorarlo, choca con un trébol en la sien, símbolo sutil de la esperanza o la inspiración poética, que envenena las fauces del horror. Y en el clímax, el verdadero acto de victoria es la palabra, el verso como verdad: el poeta, digerido en apariencia, plantea un principio fundamental dentro de la propia entraña del monstruo, y esto destruye a la serpiente desde dentro. La metáfora sugiere que, a través de la lucidez y la poesía, incluso el mal más formidable o los más grandes obstáculos pueden ser vencidos.
“Sueño con serpientes” nos habla entonces de una lucha sin fin, una dialéctica perpetua contra la desesperanza, en la que la poesía—la verdad poética—es el arma transformadora. Hay un eco borgiano en esta idea de que toda serpiente que creemos derrotada despierta en otra, más enorme y enigmática, pero el acto de creer, crear y seguir pensando disuelve el laberinto, una y otra vez, aunque siempre albergue nuevos corredores.
En definitiva, el significado más profundo de la canción reside en la persistencia: la de quien, cada día, vuelve al combate con la utopía o con la búsqueda de la verdad, sin dejar que el cansancio o la repetición del mal consuma el amor y la esperanza. Es un himno que aboga por la palabra como instrumento para quebrar las mandíbulas del miedo y del olvido.