Imagina una biblioteca que contiene cada versión posible de tu vida: cada página es una permutación sutil de días, errores, redenciones y fugaces alegrías. Entre esos anaqueles interminables, entre la sombra callada de los tomos y el leve fulgor de la lámpara, hay un volumen delgado, casi ignorado. Su título es Amor.
En sus páginas, cada palabra es un espejo. Al principio, la imagen que devuelve es incómoda: revela la constancia de nuestras costumbres, las murallas que hemos erigido contra el otro, el temor a la vulnerabilidad. Pero al avanzar en la lectura, comprendemos que el amor no es un simple cruce de destinos, sino la lenta demolición de esos muros que nos separan.
El amor exige transformación. En uno de los infinitos relatos de la biblioteca, un hombre solitario, habituado a sus propios laberintos, descubre que en la presencia del otro—en la luz que su bondad derrama sobre la materia gris del mundo—puede volverse mejor. Y aunque cada latido suyo pertenece al reino de la costumbre, algo en él cede. Acepta la amargura de un remedio que detesta, si eso le permite seguir caminando a su lado.
A menudo confundimos el amor con el gesto grandioso—las rosas, las proclamas cósmicas, las cartas grabadas en piedra. Pero si la biblioteca nos enseña algo, es que la señal más alta del amor es el acto silencioso de cambiar: modificar un hábito, reescribir un verso de nuestro poema interior, atreverse a pisar una grieta en la acera sin temor a quebrarse. Y en ese cambio minúsculo, el universo entero se alinea de otra manera.
El amor no es un laberinto en el que uno se pierde: es el laberinto a través del cual nos encontramos. Y al final, llegamos a un pasillo secreto donde ya no hay distinción entre quien da y quien recibe: ambos son iluminados por la misma mirada de aceptación. Ese pasillo es el lugar que hemos buscado en cada libro que nos ha conmovido, en cada melodía que nos ha estremecido, en cada noche en vela cuando pensamos que el mundo nunca nos entendería.
Amar es descubrir que, al estar con el otro, no solo desvelamos la luz de nuestra alma, sino también la vastedad de lo que podemos llegar a ser. La última página de ese libro no dice Fin. En su lugar, hay un espacio en blanco, aguardando al próximo lector, aguardando a nosotros, para escribir el siguiente capítulo donde, a pesar de nuestros miedos y dudas, nos atrevemos a dar un paso más.
Lo damos porque algo en nuestro interior—llámalo esperanza, llámalo fe—nos susurra al oído: somos capaces de ser mejores, todo por amor.
🌹🥀🌷What is The Infinite Power Hidden Inside Unconditional Love:
— Eduardo Bergel (@BergelEduardo) January 29, 2025
Imagine a library that contains every possible version of your life—every page a subtle permutation of days, missteps, redemptions, and fleeting joys. Within those endless shelves, somewhere between the silent… pic.twitter.com/yIkO1Vy10G
